
PUEDES DEJARME SIN INSULINA, PERO NO SIN DETERGENTE
Cómo antaño, una señora sale de unos grandes almacenes con el carro cargadito de la compra de la semana o del mes o váyase usted a saber por qué período. A esto que un joven que afirma ser del programa "reporteros" que a su vez se presupone que es cámara del programa (espacio de bajo presupuesto) ya que no sale en ningún momento, comienza a realizarle una serie de absurdas preguntas a la señora, sobre la economía mundial, lo cara que está la vida y otras circunstancias. Que digo yo que la mujer pensaría para si misma, oiga no me toque los cojones, que tengo que ir a recoger a los niños del colegio y preparar los macarrones para mi marido que llega a las tres y cuarto para comer.
Bueno, el caso es que este caballero le pregunta por la compra que ha realizado y como buen reportero toca-pelotas, comienza a sobar las cosas que la señora ha comprado, que por otra parte, no creo que a ella le importe mucho, ya que no se sabe si por prisa o por vagancia la señora no ha embolsado la mitad de las cosas, lleva los tomates, el pan, el detergente y otros artículos desparramados en el carro de la compra, objeto que como todos sabemos se caracteriza por una pulcra limpieza y una desinfección diaria por parte del personal del supermercado. Vamos que cuando te comas la barra de pan poco poco puedes coger una infección de boca que te pudra los dientes. Valiente tía puerca.
El caso es que el joven reportero advierte que la señora ha comprado el envase "king size" del detergente de marras de "toda la vida", a lo que la señora afirma que hay cosas que con el tiempo salen caras y que ella "no se la juega con su familia". Lo que nos hace pensar que la señora tuvo una vida anterior en la que se jugó al póker sus hijos pequeños contra unos albano-kosovares y los perdió y para recuperarlos, se apostó el marido y lo perdió también con una matahari rusa. Señora no me joda que si la camisa sale un poco más amarillenta su familia no se va a morir de lepra!
Si si, con cualquier otra cosa, me ahorro el dinero. Con el desayuno de los niños, por ejemplo les doy cartón del bueno, para vestirlos, van con sacos de papas incluso a hacer deporte, que me llegan siempre con unas rozadoras en la entrepierna horribles que sangran y echan pus y mi marido las corbatas se las recorto de las revistas de moda masculina y el agua embotellada la compro de la marca cloaca infecta. Pero eso sí, el detergente que no me lo cambien, mi familia será pordiosera y morirá de inanición e infecciones víricas, pero irán limpios y pulcros a la tumba!
Este tipo de anuncios en los 80 y los 90 tenían gracia, ahora resultarían nostálgicos pero ya sabemos que las segundas partes nunca fueron buenas y además de un tipo de publicidad manido la actuación de los "actores" no convence a nadie y no resulta creible para ningún tipo de público objetivo. Jugársela con la familia no resulta argumento suficiente para que la gente no recurra a las marcas blancas del supermercado, sobre todo porque en la mayoría de los casos, son productos de las propias marcas.
Eso sí, el reportero que encima de no dar la cara a los espectadores y ser un tocahuevos, suelta la frasecita de cabrón machista "bueno señora, pues le dejamos que se vaya a poner una lavadora" que cabrón estás hecho colega. jajajaja Y la otra tonta responde muy simpática "qué remedio" que es un evidente eufemismo de: estoy harta de mi vida, mi marido es un puto vago y mis hijos nos dan palo al agua y el único momento de esparcimiento y de disfrute es cuando vuelvo del supermercado y estoy sola pensando en mis cosas y el mierda de reporterucho este me lo ha jodido con las preguntas de capullo ochentero.
Muy mal, señores. Muy mal.